Periodismo, del que se lee por ahí y del que no. Algo sobre mi vida. La idea: Dejar una huella por cada lugar que pase. Mis opiniones son personales.

Media Maratón Buenos Aires 2014: Sólo por correr

Cuando empecé a correr soñaba con cruzar una línea de meta vencedor, aunque primero quería vencerme a mi. Para lograrlo, debía empezar, primero, a vencer a los fantasmas que persistían, muchos de los cuales ya se han ido. Hoy, habiendo superado muchísimas barreras desde aquel mes de septiembre de 2011, en ocasiones me pregunto por qué corro, cuáles son los objetivos, si es que han cambiado. No puedo decir que haya una conclusión certera, si en cambio, puedo ver el sentido de todo esto como una realidad tangencial que conecta de un modo asombroso con mi realidad, incluso cuando no estoy corriendo. Y que los objetivos son tan disímiles como enriquecedores y hasta infinitos. La transformación que implica correr, previo a emprender el viaje a una competencia, por ejemplo, condice una responsabilidad con la causa, una forma de luchar contra esos fantasmas del comienzo y, cuando estos ya están disipados, implica un compromiso con uno mismo que resulta imposible de claudicar.

Volviendo al tema de los objetivos, y después de habérmelo re preguntado muchas veces durante estos últimos días, puedo afirmar con cierta convicción que en mi caso (y creo que es una verdad detrás de cada corredor, sea de elite o no) continúa siendo superarme a mí mismo, más allá de una estrategia, de un podio, de una marca. Quiero decir, probablemente así lo sea siempre, por el simple hecho de que vengo de un lugar en donde nadie creía en mi, empezando por mi mismo. Un lugar bastante oscuro, que por momentos disfrutaba, que me preparó el escenario para la verdadera conversión de mi vida. Hoy, siendo todo diferente. Renuevo día a día la necesidad de batirme mis propios registros, de volver a poner las zapatillas en el lugar de mis huellas, de llorar de alegría cada vez que salgo en la línea de meta. Hoy tengo la fortuna de tener una compañera que es mi espejo, con la cual además de reflejarnos el uno con el otro, compartimos el sentido de poder correr libremente. Compartimos nuestros logros, nuestras batallas, nuestras alegrías y también nuestras tristezas, todo mientras corremos y depositamos nuestra fe en el otro. Precisamente ella no deja que me olvide de los preceptos por los cuales corro.

El domingo correré un medio maratón por quinta vez, la sexta si incluyo una prueba de montaña en esa distancia. Como tarea, me propuse pensar en el valor que tiene eso. Un año antes, marqué mi mejor tiempo en esta misma carrera. Hace un año, sin embargo, todavía no sentía la libertad que siento hoy en cada zancada, en cada paso que doy. No sentía la seguridad que hoy sí experimento con cada braceada. Estoy seguro de que, incluso, mi corazón respira mejor que hace un año, y que la mente se dedica simplemente a mandarle a mi cuerpo la información técnica de cuando cambiar el ritmo. Siento que antes de largar vencí. Me siento feliz. Ya no hay miedos, sí convencimiento de continuar por este camino infinito. Los sueños ya no son solo ilusiones: hoy estoy seguro de dar lo mejor de mí, más allá del domingo. Hoy también pienso que correr es lo que me mantiene más vivo, nada de lo que hago en mi vida se trata de algo tan puro, nada me apasiona más. Correr hoy es mi fuente de todo, mi enfermedad y mi principal remedio. Mi antídoto para días tristes y mi motivo para festejar mis logros, cualquiera sea el ámbito. Correr es un código para consigo mismo, para con mi pareja. Sí, en todo eso voy a pensar cuando el domingo a las 7:30 AM suene el disparo de largada. En que estoy corriendo con Dios. En los besos y las manos de mi novia, en un abrazo con mis hermanos, en las lecciones de mi entrenador, en las palabras de mis padres. En eso, y en que, como dice Adharanand Finn en su libro “Correr con los keniatas”, no quiero algún día mirar atrás y ver que no di lo mejor de mi. En la pista, en la calle, en la vida.

Hamas bombardea Israel. Israel se protege de esos cohetes con escudos repelentes en el cielo. La población no sufre los cohetes, pero sufre miedo. Hamas secuestra y mata 50 judíos. Hamas siembra odio. Israel argumenta que tiene derecho a defenderse. Para ello, bombardea Gaza con misiles mortíferos de alto impacto. Bombardea hospitales, escuelas, edificios humanitarios y barrios enteros. Dice que su defensa no pretende matar civiles. Sin embargo, ya ha matado 1800 personas inocentes, de las cuales más del 50% son niños. Los despedaza con sus esquirlas. También mata de hambre. En todos los casos, mata de odio. Esa es la defensa de Israel, que cuenta con complicidad en Estados Unidos, la UE y en el 87% de los ciudadanos de Israel, que aprueban la defensiva (ofensiva) de Netanyahu, que tiene el demonio adentro. Palestina, que no tiene que ver con el odio que destila el Hamas que dice reclamar por sus derechos, nunca será libre. Israel seguirá durmiendo con sus ocupaciones controladas. Ambos bandos continuarán sembrando el odio, cada uno a su medida, como si debiesen existir medidas para el odio. Uno, Hamas, es un grupo político. Unos pocos en comparación de una nación soberana como Israel, que tiene el visto bueno del mundo geopolítico para matar, matar y matar. Sus ciudadanos, los que habitan ese mundo, seguirán aplaudiendo a su primer ministro.

No me pidan que me ponga en una u otra postura. Mi postura es la de mirar a mi hermano de cuatro años y que se me retuerza el alma de dolor. Mi postura es la de no poder comprender semejante acto de demencia, semejante demostración de odio inclasificable. Mi postura es la de rezar, rezar y rezar, porque otra cosa no puedo hacer, para que esto se termine pronto. Mi postura es la de pedirle a dios, entre lágrimas, que cuide a esos angelitos. Que tenga en la gloria a los muertos, a los judíos y a los palestinos. Mi postura es la de pedir que alguien en el reino de los cielos, en el arca de la justicia, demande tanto al grupo Hamas como a Benjamin Netanyahu.

Silencio (extracto)

En algún momento, uno se enfrenta con la necesidad de hacer silencio. Y entonces, corriendo, surgen los miedos, casi de manera inconsciente, para crear ese espacio único y personal del que no habrá salida hasta qué cambies el ritmo, pares el reloj o simplemente te detengas. Corriendo también aprendí que el silencio puede ser cómplice. Lo hice gracias a mi pareja, que hoy corre conmigo, y que, mientras yo la contemplaba corriendo a mi lado, incrédulo y enamorado, me enseñó que precisamente el silencio, a veces, puede ser nuestro mejor aliado. Correr me volvió así, a veces silencioso, otras veces histriónico.

#NotasAlPie: Mcllroy ha regresado

Melancolía. Rory sostiene la Jarra Claret. ¿En qué pensará? (Foto AP)

Dicen que los campeones se hacen después de fallar, una y otra vez. Rory Mcllroy, que ayer ganó su primer Abierto Británico, tercer Major de su cuenta personal, enderezó su juego después de fallar cortes, perder swing después del cambio a Nike, asistir a verdaderas sesiones de diván en los campos de golf e, incluso, sufrir papelones personales como el que tuvo hace poco, probablemente el que lo marcará para toda su vida, cuando suspendió su boda con Caroline Wozniacki después de haber entregado las invitaciones. Ayer, es probable que haya tenido sensaciones encontradas (Caroline ganó un ATP en Estambul el mismo día). Al respecto, habrá quienes aventurarán que necesitaba concentrarse en su carrera, que la relación, como dijo el mismo Rory, era de muchos celos. Lo cierto es que nadie sabe lo que habrá pasado en su cabeza. El fin de semana, en Hoylake, Mcllroy ganó de punta a punta y de manera abrumadora en un Open majestuoso. Lideró los cuatro días, aprovechó las ventajas que le otorgó la cancha y se inspiró con las condiciones de juego propias y ajenas.

El sábado protagonizó una ronda de lujo, anotó un fastuoso 66 (el viernes había hecho el mismo score) y hasta y se dio una panzada de virtuosismo terminando con águila, en el 16 y 18. El domingo, aunque jugó su día más flojo, se dedicó a aguantar. Detrás tenía a Rickie Fowler, que se crió con él y que es protagonista del circuito; y a Sergio Garcia, uno de los más ganadores en actividad del PGA. Terminó con bogey en el 18, para firmar una tarjeta de 71 (-1) y (-17) para campeonato, con dos golpes de ventaja sobre Fowler. La clave del día fue el par del 17, que salvó después de una mal segundo tiro. En Royal Liverpool, donde ganó Tiger en 2006, Mcllroy dio una lección de golf y, cuando muchos dudaban de él, volvió a demostrar su capacidad de agigantar su figura, con apenas 25 años. El resultado, seguramente, forma parte de un duro, desde el juego a su mentalidad, en el que mucho tiene que ver su entrenador de toda la vida, Michael Bannon. Por las dudas, a Mcllroy ya no le hace falta demostrar nada más.

Nota: Angel Cabrera, que tuvo un mal comienzo, se repuso el viernes para pasar el corte y jugar un gran fin de semana. Terminó una magistral ronda de 67 y (-6) para campeonato, en la 19º posición. El reciente ganador del Greenbier Classics continúa con su gran 2014.

Crónicas inolvidables: Perdón y gracias, Sabella

Sabella no me dijo nada. Yo le preguntaba, ¿Por qué no me decía nada? ¿Por qué no me daba motivos para ilusionarme? Los demás, los que pasaron, desde el 94 a esta parte (aquí pongo en excepción a Alfio Basile, prefiero no recordar aquel mundial), sí lo hicieron. Me ilusionaron. Después, destrozaron una buena parte de mi corazón de hincha. Lo hicieron con mucha gente que conozco.

La realidad, ese mejor aliado de Sabella, hombre mesurado, insípido, y consecuente, frente a tanto palabrerío de quienes han manejado esta selección desde tiempos añejos. Que se entienda, la siguen manejando los mismos. Pero resulta que ahora, el tipo que mueve el pizarrón, que habla en un vestuario pero también en una habitación y que, genuinamente, puede ser objeto del hazmerreír de millones, no tiene nada que ver con el señor de traje, el del anillo que todos alguna vez vivamos. Sabella nunca me ilusionó. Nunca quiso darme motivos. Y yo, ingenuo casi siempre, más realista con el paso del tiempo, no me entregué, incrédulo, a un equipo que nunca despertó mucho más que una porción de expectativa propia de tener al mejor del mundo. Sabella no me ilusionó.

Y acá estoy, escribiendo estas líneas con la emoción a flor de piel, descreyendo lo que tanto esperé: ver a mi país en la final de un Mundial. Sabella, hombre, hoy me rindo a sus pies. 

Seré una especie de agradecido de por vida con Sabella. Con el técnico, pero también con la persona. Porque son lo mismo. Sabella, el DT, construyó un verdadero equipo, más allá de las figuras, con estudio, con trabajo y pragmatismo dentro de la cancha. Cuando todos pensábamos -y prendíamos velas- para que Messi, sólo Messi y por esos caprichos nuestros, nos llevara a una final; Sabella nos brindaba una lectura de juego distinta, con actores a los que poco les teníamos fe. Que dios, que alguien disculpe nuestras injurias. Y aquí, Sabella, sólo apelo a su trabajo, a su convicción. Con Romero y con Rojo, con Biglia y con Garay. Hombre de palabra, Sabella. 

En una ronda de plegarias interminables hacia la que creíamos era la única esperanza, Messi, Sabella nos mostró que había un equipo. Sabella, pillo, usted nos mintió. Sabella nos mostró, entonces, que ese equipo era compacto, que tenía roles. Que era laborioso y tenaz, pasional y capaz. Que podía cometer errores pero trabajaba para suplirlos, que no deslumbraba pero era eficaz. El mismo equipo, los mismos que arrancaron bajo sus órdenes hace un par de años, y que ayer lucharon como se lucha en las batallas más épicas: con el corazón. Si lo sabrá Mascherano, el emblema, el líder que se levantó de las caídas, una y otra vez. Su valor, más allá de las guapeadas, se condice con el del equipo que por oficio y sacrificio está en una final del mundo. 

Al final, se encuentran los mejores. Hasta acá, el resultado, más allá del domingo, será positivo siempre. Sabella, hombre, usted creyó. Usted nos mostró que el camino del trabajo (¡Cuántas veces mencioné la palabra trabajo) es el que da frutos. Y entonces llegamos. Ahora lo creemos. Perdone por el tiempo perdido. 

Más allá de cualquier análisis, hay algo que no resiste a la verdad que Sabella construyó desde hace mucho tiempo, y que hoy disfruta de su página más gloriosa. Y ahí es donde menciono aquello de que técnico y persona, en este caso son lo mismo. Porque usted, Sabella, es persona, y seguramente se habrá emocionado ayer, como cada uno de nosotros. Seguramente habrá querido llamar rápidamente a su mujer, a sus hijos. Yo pude hacerlo. No olvidaré el beso interminable con mi novia después del penal de Maxi, ni los abrazos con mi hermano y mi papa, entre lágrimas. Uno vivió la proeza por primera vez. El otro, tuvo otra chance. Como yo, que hoy tengo la primera oportunidad consciente de ver a Argentina en la final de un Mundial. Gracias, Sabella.

Me lo encontré al dar vuelta en la esquina. Paso por ahí tres o cuatro veces por semana. A veces más rápido, otras más lento. Nunca me percaté de su presencia. Hoy, por necesidad, lo hice. “Qué injusto soy con él”, pensé. Me dio vergüenza. “No bajes la cabeza”, me pidió. Respondí que en realidad tenía una subida, y que por eso agachaba un poco la vista. Me dijo que solía verme, en los entrenamientos, en las carreras, y que nunca bajaba la vista. “¿Por qué lo haces está vez?”, insistió. Tenía razón. Nunca bajo la mirada. Le respondí que hoy estaba triste. También le pedí que no me deje solo. Volví a sentir vergüenza, y esta vez se la manifesté. “Qué bárbaro, siempre pidiéndote”. Me dijo que para eso estaba, pero que no lo abandonara en las malas pero tampoco en las buenas. Asentí. Le pregunté, también, cómo se hace para ordenar una vida, para crecer, sin hacerle daño a las personas que más amas. Ya había pasado la primer subida. Venía otra. “No hay secretos”, me dijo. “¿Ves cómo se hace? Acabas de hacerlo”. Se me llenaron los ojos de lágrimas. “Es como enfrentar una subida, tus piernas, como tu mente y tu corazón, no te dejarán solo mientras tengas fe y convicción”. Lloré. “Eso si, a veces es necesario bajar el ritmo, mirar a tu alrededor, entender que tenés que hacerlo solo, como cuando enfrentas una cuesta. Hacerte cargo del esfuerzo. Después, al final, te van a estar esperando. Vos podés, es igual que una carrera”, dijo. Le mostré mi miedo a perder todo. Dijo: “Es necesario, el miedo”. Pero me instó a que luche, a que no baje los brazos. Habíamos pasado la segunda subida, esta vez él corría a mi lado. Volví a rogarle que no me dejara nunca, que iría más seguido a visitarlo. Dijo que siempre que piense en él, aparece. “Es hora de que sigas el camino”, dijo. Me aterré. Pronto había una curva. Levanté la mirada. El sol resplandeció en mi rostro. Me quedé pensando en cuando sería la próxima vez que charlaríamos. Me dije, que ahora sí, debía enfrentar mis miedos, mi dolor, mi vida y todo lo hermoso que en ella había. Que debía crecer como las piernas al correr más y más kilómetros, sin importar las espinas que hubiera en el camino. Miré hacia atrás. Estaba ahí, seguro que siempre había estado ahí. “Qué tonto fui”, dije. Había tenido una nueva oportunidad. Después de mucho tiempo, había hablado con Dios.

Road to San Pablo

Higuaín se mueve, busca arrastrar las marcas, espera que le quede una. El obrero del modelo Sabella, se adentra en las sombras de un equipo que despliega fútbol a través de otros compañeros de ataque. Ya iba a tener una, sobre todo cuando el fútbol se convierte en una metáfora de la vida, de aquellos perseverantes, de los que saben esperar. Apareció frente a Bélgica, para poner a Argentina en semifinales de una Copa del Mundo tras 24 años. Malditos 24 años, desde la enfermera de Diego al gol de Bergkamp. Pasando por la impotencia frente a Suecia, el papelito de mierda (disculpen el exabrupto) de Lehmann y, otra vez, la sarcástica sonrisa teutona. El equipo, hoy opacado por Pipita, respondió con pragmatismo, desde Sabella y sus lecturas inteligentes al orden de un esquema que podía hacer daño en el juego de igual a igual y con espacios. Demichelis, uno de los cambios iniciales, respondió con prestancia y cobertura. Basanta cumplió (le tocó cargar con la mochila de reemplazar a uno de los mejores de este mundial, Rojo) aportando seguridad en su costado, Biglia hizo lo propio en el trabajo de recuperación junto a Mascherano, hoy más aliviado. Lavezzi fue otra inteligente pieza en el esquema de Sabella, que volvió a ponerlo de 8. Ayudó a contener la subida de Van Buyten y sirvió para sumar en ataque, ayudando en el circuito de juego. Los volantes (punto negro lo de Di Maria) entendieron que los centrales belgas quedaban muy expuestos, con Kompany impotente, y por momentos los pusieron contra las cuerdas. Alguna que otra vez hasta pudo soltarse. Puntos altos de un equipo que se ilusiona y nos ilusiona a todos. Hoy, como afirmo su DT, fue acaso el mejor partido de Argentina. Probablemente, su victoria dependa de enfrentar a equipos con menos rigor defensivo, que jueguen y brinden los claros que se vieron hoy.

Van Gaal contra la posesión excesiva. Van Gaal contra la parsimonia. Van Gaal, el vertiginoso. Van Gaal, el estudioso. Van Gaal, a semis. Frente a Costa Rica, ocurrió lo menos pensado para aquellos que ponen la suerte adelante de todo. Su once estrelló balones en los palos, atacó sin cesar, tuvo la pelota todo el partido. Pero lo ganó él, Van Gaal, en la pizarra, al finalizar 120 minutos que arrancaban pelos a propios y extraños, en donde quizás más de un DT se hubiera mareado. Una ironía, bella por cierto. Lo de los penales, encumbrados por una selección Tica que trabajó incansablemente con los recursos que tenía, se erigió poderosa con Keylor Navas como mejor intérprete. Fantástico lo de Gonzales y Bolaños, ordenado lo de todas sus líneas, que se replegaban como si se tratara de una verdadera batalla. Al frente, los atletas, los que corren como primer recurso con la pelota (todos recordarán el episodio de Van Gaal con Riquelme, en Barcelona). Para los penales, todo aquello se disipó. Y entonces volvieron a vaticinar los entusiastas de la suerte. Nada de eso. Un cambio de arquero, Krul por Cillessen, que adivinó todos los tiros desde los doce pasos y atajó dos. Van Gaal mandó a patear primero a sus tres mejores hombres, sobrados en seguridad. Cumplieron, unos y otros. Krul asumió la responsabilidad y el miércoles, el miércoles…el miércoles hay que dar un paso más hacia la vuelta. Porque, frase hecha, para ser campeones, hay que ganarles a los mejores.

El triste episodio de Suárez, la revancha de FIFA

Uruguay necesita de la mejor versión de Suarez, la del 2-1 frente a Inglaterra. No de un tipo que muerde a un rival. El aguante, la enjundia, son otra cosa. No era necesario lo del Suarez que mordió al italiano Giorgio Chiellini. Los antecedentes, el beneficio de la duda (en su contra) y la punción mediática, especial -y sospechosamente- la de los tabloides británicos, lo mataron. La sanción, de todos modos, es demasiado dura. No tiene correlato con el pasado y no responde a una coherencia en episodios similares en los que FIFA miró para el costado. Suena a hipócritas. Luis Suárez cometió un error, recurrió a él, pero no es un monstruo. Que con esto FIFA haya querido redimirse, es una injusticia para el fútbol y su verdadera esencia, con sus virtudes y errores. Virtudes y errores de personas que se equivocan, como seres humanos que son. Se les fue la mano y quedan expuestos, una y otra vez. Suena a venganza, a exceso de poder, y eso nos entristece a todos los que vemos como la pelota se mancha, una y otra vez. El negocio, potenciado por el poder de unos pocos, parece no tener límites. La mordida debía sancionarse pero no con semejante crueldad (el mismo Chiellini crítico la sanción y se solidarizó con Suárez). Una cosa no quita a la otra. Nueve fechas con su Selección sin poder visitar siquiera la concentración en Brasil, más cuatro meses sin poder realizar cualquier actividad que tenga que ver con el fútbol. La multa económica, $111 mil dólares, aunque eso es lo de menos. Me suena a ridiculez. El Maestro Tabarez, en conferencia de prensa, dijo que Luis ‘tendrá que empezar de nuevo e intentar ser lo que fue, y que no lo dejarán solo’. En Brasil se equivocó y los dueños del fútbol, lamentablemente, le hicieron pagar un costo demasiado alto. Ojalá mañana Uruguay reivindiqué su épica, la misma que le llevó a portar la chapa de la garra y que no necesitó de mordidas ni episodios injustos.

Es sólo mi opinión y, claro, es personal.

Me gusta el fútbol

Me gusta el fútbol. Me gusta desde que estaba en la panza de mi mamá. Mi papá, que tan bien me crió, me enseño de manera tácita, que el único momento de llorar por fútbol es en los Mundiales. Y en alguna Copa Libertadores de Boca. Boca, mi club, tuve la suerte de verlo campeón tantas veces como fue posible. Fueron pocas las veces que lloré (recuerdo sólo la final por la Libertadores 2001, con Once Caldas).

Con la Selección, de la que confieso nunca fui “tan hincha” como de Boca, sí he llorado. Recuerdo bien aquellos momentos. No llegué a ver la hazaña del 86 y en el 90 estaba demasiado ocupado en aprender a hablar y escribir. El 94 me agarró desprevenido, entre muñecos descabezados, figuritas repetidas y colores sobre una hoja. Mi papá me explicó lo de Maradona. No entendí mucho. Se lo pregunté a Coco cuando comí con él: "¿Cómo pudo haber pasado?". Todavía no lo entiendo.

En el 98, en cambio, fui consciente de la decepción. La sufrí. Me acuerdo haber corrido hacia el patio, a refugiarme en una choza improvisada de chapa, que en aquel momento me sirvió para escaparme del mundo y no ver a nadie. Y llorar de tristeza por el gol de Bergkamp, claro.

En el 2002 las lágrimas mutaron en rabia, enojo. Quise olvidar aquella Selección de Bielsa rápidamente, y lo conseguí. De la Alemania de Pekerman, con Riquelme en cancha, sólo me quedaron el dolor por algo que parecía destinado a ser. Sin embargo, hubo satisfacción en medio de la desazón: la premisa de haber jugado el mejor fútbol en años. Me quedó doliendo Román.

Y de 2010…quizás fue el Mundial donde más alenté, donde más me entusiasmé. Cambié días por asados con gargantas rojas de tanto gritas, con banderas alusivas al sentimiento que me generaba ver a Diego otra vez en la Selección. Con sus fallas técnicas y humanas, pero con el buzo puesto, digno del mejor jugador que jugó a éste juego. Era histórico. El dolor, después, fue previsible. Hoy, mi entusiasmo radica en volver a ver a los mejores exponentes del fútbol juntarse para defender sus colores.

Me entusiasman los que juegan como si estuviesen en el patio de casa, pero que sin embargo parecen dispuestos a ir a la guerra por amor a…la pelota. Al deporte. A su país. Pongo en foto a Pirlo (en mi cabeza tengo fresca la imagen suya, corriendo a abrazar a Grosso después del último penal con Italia en 2006) en foto porque es el que me queda. La bandera de lo que representa hoy para mí el fútbol. Del bueno. El que no representa a FIFA, ni siquiera a los estándares del marketing mundial. El samurai de la pelota, el último revolucionario (como dijo @matiasbaldo en su post, “Los revolucionarios tienen barba”), cerebral en extinción, rey sin make up ni declaraciones estridentes. El de tiempos pasados que viajó a la tierra nueva, Brasil, tierra del buen pie, para hacer lo que mejor sabe: poesía arma en mano.

El que fue campeón del mundo con su selección, figura, y campeón de todo en los clubes donde pasó. El enganche, el que dibuja. El de la sangre fría y gesto tímido que siempre va más adelante.

Respecto a la Argentina, prefiero ser cauto y resguardar mi ilusión. Que llegue el domingo 15 de junio. El momento de mi vida es otro, y asumo que hoy gozo de mayor tranquilidad cuando rueda la pelota, sean los colores que sean. Practicar otro deporte hizo que mi último partido en cancha de 11 y entre amigos se remonte a épocas añejas. Pero lo sigo sintiendo. El mundial me refresca la memoria.

Hombres como Pirlo, me recuerdan que fútbol no es sólo fútbol. Va más allá del deporte. Es un estilo de vida, lejos de los escritorios. Podría ser cualquier deporte. Mi vida hace mucho dejó de depender de un color, de un jugador, de una Copa o un Mundial. Eso sí: todavía mantengo mi idiosincrasia de emocionarme y aplaudir de pie. Ojalá en un mes pueda estar escribiendo, si es que hubieran palabras, sobre aquella emoción que jamás viví en mis 26 años de edad. 

Mi resultado oficial en la #WeRunBUE 21k: Mi tiempo fue 01h23min08seg, 71° en la general entre 10.000 personas, 13° en la categoría. Más allá del tiempo que expresé en la foto, (sabía que era irrisorio en este momento) este era el resultado esperado y estoy muy contento. En esta carrera necesitaba recuperar las buenas sensaciones, mi ritmo en la distancia y la confianza. Terminé con muy buenas sensaciones y feliz. Ya llegarán épocas de seguir bajando tiempos, trabajaré duro más que nunca, muy motivado. Vuelvo a agradecer a mi amor Steff por su apoyo siempre, a Toto Nay Tinpor su enseñanza, a Sebastian Blanco por su incentivo, a mi amigo Vicentepor alojarme una vez más y a Vidrios Cañete y LOMAS Fitness por su confianza. 
A los demás, gracias por el aguante https://www.werunbuenosaires.com/resultados
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Pude verlo de a ratos. No quería verlo. Tampoco quise ver aquella noche en Velez, cuando el engaño de los jueces le otorgó una victoria inmerecida, auto complaciente y que magnificó el ego del que era un dios de los sencillos. Del que era un ídolo para mi. No fue el mismo. El guerrero, confundido entre su verdadera vida, el ring, y una pista de baile ridícula, Maravilla Martínez comenzaba el último triste capítulo de una carrera gloriosa. 
La crónica del sábado, por Fabrizio Gotelli http://bit.ly/1pvplOw
Pude verlo de a ratos. No quería verlo. Tampoco quise ver aquella noche en Velez, cuando el engaño de los jueces le otorgó una victoria inmerecida, auto complaciente y que magnificó el ego del que era un dios de los sencillos. Del que era un ídolo para mi. No fue el mismo. El guerrero, confundido entre su verdadera vida, el ring, y una pista de baile ridícula, Maravilla Martínez comenzaba el último triste capítulo de una carrera gloriosa. 
La crónica del sábado, por Fabrizio Gotelli http://bit.ly/1pvplOw

Pude verlo de a ratos. No quería verlo. Tampoco quise ver aquella noche en Velez, cuando el engaño de los jueces le otorgó una victoria inmerecida, auto complaciente y que magnificó el ego del que era un dios de los sencillos. Del que era un ídolo para mi. No fue el mismo. El guerrero, confundido entre su verdadera vida, el ring, y una pista de baile ridícula, Maravilla Martínez comenzaba el último triste capítulo de una carrera gloriosa.

La crónica del sábado, por Fabrizio Gotelli http://bit.ly/1pvplOw

#MayweatherMaidana #TheMoment Primer y último cara a cara antes de la cita del sábado en el MGM, la que puede encumbrarse como una de las grandes veladas del box. Ambos, tan diametralmente opuestos, buscarán lo mismo: gloria. Uno, el del lujo y la ostentación, sacar pasaporte a la eternidad. El otro, el de la bandera de los humildes, inmacularse entre los grandes de la historia. No money.

Mayweather: “Respeto a Maidana, es uno de los grandes de este deporte, pero el mejor sigo siendo yo” 

"Argentina es un gran país, tiene grandes en este deporte, Chino es uno de ellos. Espero que lo sigan apoyando porque les dará lo mejor. Yo lo haré después de esta pelea"

"El sábado verán una pelea diferente, no como con Canelo, ni Guerrero. Será una batalla"

Maidana: “Le agradezco a mi familia, a mi equipo y a nadie más. Yo me gané esta oportunidad, nadie me regaló nada. Floyd es el mejor, pero como dicen los latinos, ‘a mi me vale madre ese guey!’”

"A Mayweather nunca le pegó un hombre. El sábado puedo ser el 46º, o puedo ser quién le gane"
#MayweatherMaidana #TheMoment Primer y último cara a cara antes de la cita del sábado en el MGM, la que puede encumbrarse como una de las grandes veladas del box. Ambos, tan diametralmente opuestos, buscarán lo mismo: gloria. Uno, el del lujo y la ostentación, sacar pasaporte a la eternidad. El otro, el de la bandera de los humildes, inmacularse entre los grandes de la historia. No money.

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"A Mayweather nunca le pegó un hombre. El sábado puedo ser el 46º, o puedo ser quién le gane"

El valor de correr, el valor de vivir

Intento dormir una siesta. Antes, mi cuerpo digiere los últimos restos de una comida caliente hecha por mi madre en el día de pascuas, y que es retribuida con un fuerte abrazo. Escucho a mi hermano, de cuatro años, reclamarle a sus muñecos que tienen que luchar. El otro, el de 20, trabaja a unas cuadras de casa y me habla por Whatsapp. A mi papa, que se acuesta religiosamente como cada domingo, me acerco a darle un beso.

No dejo de escribirle a mi novia, como quedándome tranquilo de que ella está ahí, del otro lado. Me llama, me pregunta cómo me siento, me dice que me ama y que siempre me va a cuidar. Doy fe. Esta mañana, cuando completé el recorrido de los 21km de Córdoba en 1h27min, ella me estaba esperando. Me alentó en los últimos 200 metros, me dijo que no afloje. Llegué a la meta después de haber sufrido bastante en los últimos kilómetros, por falta de fondo, algún desarreglo en mi alimentación que me comió las piernas o por el circuito en sí mismo, sin llanos y bastante duro. Vaya a saber porqué. Lejos de mi mejor registro en la distancia, aquello era lo que más me preocupaba pasados los 15km. Eso, y poder llegar para ver a mi amor (hoy cumplimos meses de novios). Lo primero, después de hoy pierde sentido (qué tontería). Lo segundo, cobra más valor. Llegué, pero cuando sucedió, las piernas se me vencieron y los ojos se me fueron para cualquier lugar antes de ver que ella llegara hasta donde estaba yo. La agarré fuerte en todo momento, volví a entornar la vista en ella. Era lo único que podía ver. Fue una descompensación, una baja de tensión, y un gran susto. Menos de diez minutos después, cuando pude incorporarme, aún en el piso, me beso. Me dijo que me amaba, le respondí como pude que era lo mejor que me había pasado en esta vida que elegí. No era un ‘te amo’ más. Después de hoy comprendo aún más que ningún ‘te amo’ es un te amo más. Que ningún beso es uno más, que ningún paso o cosa que hagamos es una más.

Horas antes de aquello, había tuiteado que esa mañana diosito iba a correr conmigo. Horas después, con el episodio de mi descompensacion consumado, un chico de 26 años murió al cruzar la línea de meta. Las sensaciones son muchas, todas difíciles de describir. No sé si podría haber sido yo, pero lo que sé es que después de un suceso como ese, la vida invita a replantearnos cómo la vivimos y cuál es su esencia. Obsesionados, también lo hacemos con el deporte y el atletismo no es una excepción. Que los tiempos, que el puesto, que la ambición de bajar marcas o un trofeo. Hoy todo eso se fue a la mierda. ¿Importa frente al hecho de poder respirar? No realmente. Supongo, y debo aprender, que debe formar parte de un equilibrio, pero que no debe interponerse entre nosotros y el hecho de poder hacer lo que nos gusta, lo que nos apasiona siempre disfrutándolo. Soy de la idea de que en una carrera hay que dejar todo y más si es necesario. Quienes me conocen en esta última parte de mi vida, quienes me ven entrenar y me ven llegar a una meta lo saben. Hoy comprendí también que dejar el 110% a veces implica sobre pasar un límite. Y que no siempre está bueno.

No sé qué le pasó a ese chico, no quiero hacer conjeturas. Si sé que hoy una familia, amigos y muchas personas están destrozadas sin poder entender cómo algo tan noble como es éste deporte acabó con la vida de su ser querido. Yo tampoco lo comprendo. Yo tengo que volver a entrenar mañana, y seguramente a futuro tomaré algunas prevenciones y ajustaré ciertas cuestiones en mi rutina. No comprendo como yo tengo una nueva oportunidad. Por que les toca a algunos y no a otros. Si es al azar, ‘porque tiene que ser’ o lo que fuere. No puedo evitar sentir cierta culpa, por mi necedad en algunos momentos. Angustia por pensar en esa mama. Miedo por pensar que a cualquiera de nosotros le puede pasar. Y agradecimiento a quienes me cuidan. A los que mencioné más arriba, y a mis profesores, Diego el primero, y Toto el de la actualidad, ambos siempre preocupados por mi salud.

Hoy vuelvo a darle significado a una siesta, al sonido de los que quiero, al café que estoy tomando, en la misma taza de esta mañana. Siento que amo más, que vivo más. Siento que, verdaderamente, diosito hoy corrió conmigo.

Paz para Exequiel Ponce.

Metallica, sueño a pedido (Foto steffbch) 

"Soñé que volvía a verlos y que, en aquella habitación de luz tenue agigantada por la leyenda, sonaban aquellas canciones que tanto gasté, desde el cassette al disco, desde éste al iPod. Volví a poner Orgullo, Pasión y Gloria, el show mexicano en formato DVD, y comprendí que era la banda que mejor representaba al espíritu de quién siente y vive la vida, a veces de manera errónea, otras con virtud, pero siempre intensamente. En una forma de sincerarme, era mi banda. Y aquella noche la tenía a pedido."

Nota completa: http://bit.ly/PitPe8
Metallica, sueño a pedido (Foto steffbch) 

"Soñé que volvía a verlos y que, en aquella habitación de luz tenue agigantada por la leyenda, sonaban aquellas canciones que tanto gasté, desde el cassette al disco, desde éste al iPod. Volví a poner Orgullo, Pasión y Gloria, el show mexicano en formato DVD, y comprendí que era la banda que mejor representaba al espíritu de quién siente y vive la vida, a veces de manera errónea, otras con virtud, pero siempre intensamente. En una forma de sincerarme, era mi banda. Y aquella noche la tenía a pedido."

Nota completa: http://bit.ly/PitPe8
Metallica, sueño a pedido (Foto steffbch) 

"Soñé que volvía a verlos y que, en aquella habitación de luz tenue agigantada por la leyenda, sonaban aquellas canciones que tanto gasté, desde el cassette al disco, desde éste al iPod. Volví a poner Orgullo, Pasión y Gloria, el show mexicano en formato DVD, y comprendí que era la banda que mejor representaba al espíritu de quién siente y vive la vida, a veces de manera errónea, otras con virtud, pero siempre intensamente. En una forma de sincerarme, era mi banda. Y aquella noche la tenía a pedido."

Nota completa: http://bit.ly/PitPe8

Metallica, sueño a pedido (Foto steffbch)

"Soñé que volvía a verlos y que, en aquella habitación de luz tenue agigantada por la leyenda, sonaban aquellas canciones que tanto gasté, desde el cassette al disco, desde éste al iPod. Volví a poner Orgullo, Pasión y Gloria, el show mexicano en formato DVD, y comprendí que era la banda que mejor representaba al espíritu de quién siente y vive la vida, a veces de manera errónea, otras con virtud, pero siempre intensamente. En una forma de sincerarme, era mi banda. Y aquella noche la tenía a pedido."

Nota completa:

http://bit.ly/PitPe8